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Cuatro letras para un nacimiento.

Que el proceso creativo es un acto casi divino, no se lo cree nadie. Crear o parir una idea o un proyecto es una suma de procesos mentales que cruzan el umbral de la lógica y casi se funden con la poesía del enredo. Sirva esta frase para explicar que es trabajoso, que implica tiempo y dedicación, y que es la mina de los pensamientos.
Así nació MakinAcción.

Nuestra actual casa laboral fue parida entre pupitres y talleres de decorados. En el mundo de la docencia, entre universitarios, futuros profesionales de la comunicación, dio sus primeros pasos. Nos entregamos, con pasión, a explicarles qué era el transmedia – os lo contaremos más adelante por si la curiosidad pica-, ese palabro que nos pisa los talones de la comunicación. Para ello, ideamos unas clases que sorprenderían – incluso asustarían, agitarían y molestarían- al más sesuso profesor de toga y birrete. Nos lanzamos a jugar para explicar, para enseñar, para mostrar. A cada clase, la llamamos lexía, que es una parte importante del transmedia; de hecho este universo narrativo está compuesto de lexías. Y en ellas, nuestros alumnos participaban, construían los contenidos, colaboraban y colaborábamos y, sin apenas darse cuenta, elaboraron las definiciones que luego encontrarían en los magistrales manuales.

Este proyecto, que nació del área de Innovación, fue bautizado, por las que ahora estamos en la sala de “mákinas”, como MakinAcción. Desde entonces, las ideas nos brotaban; iban y venían a galope, y se convirtieron en paseantes que nos caminaban y susurraban sin cesar. Nuestros alumnos fueron embajadores de esta nueva forma de trabajar la comunicación que proponíamos. En poco tiempo, nos llegaron propuestas desde empresas e instituciones para elaborar sus estrategias de comunicación. Y en ese momento tomamos la decisión final, la más difícil, la que te hace dejar de pisar las huellas conocidas y te enfrenta a la sensualidad de lo nuevo. Debíamos dar el salto: pasar del decir-hacer, al hacer-hacer.
Primero, construimos nuestro relato de marca; luego el branding. Después, llegaron las redes sociales que han sido y siguen siendo nuestras ventanas favoritas. Y mientras tanto, convertíamos marcas y proyectos de empresas e instituciones en relatos transmedia, en los que sus públicos fueran protagonistas activos -prosumidores- en la construcción de las narraciones, en una especia de cordón umbilical tejido con el mayor de los poderes, las historias. Porque si puede contarse, puede conectarse.

 

adminCuatro letras para un nacimiento.
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