El transmedia vidriera

Acciones transmedia para generar experiencias en catas 360º.

Somos muy fans de los diccionarios etimológicos. En nuestro equipo, se cuenta, se dice, se rumorea, que hay una Larousse en potencia y que le viene de cuna.

Estos diccionarios representan una gran herramienta para una de nuestras makinacciones favoritas: el naming.

Pero no, no nos desviemos nada más empezar. No te vayas a Netflix todavía, espera un poco más.

Catar viene del latín captare, que significa coger, tomar o capturar. En castellano, como en otras lenguas romances, se usaba al principio con el sentido de captar por la vista, visionar o mirar, pero, poco a poco, se fue asimilando a la percepción sensorial, al valor de probar algo. Las primeras catas son tan antiguas como el vino que es el producto con el que nacen. Palabras casi de videojuego hoy, como Mesopotamia, Alaska o la Edad Media son el pistoletazo de salida de esta generosa experiencia. La cata de vinos se consolidó de la mano de monjes y frailes, quienes se dedicaron con esmero a chequear la calidad de los caldos para su uso en las liturgias. Toda una cata comercial y profesional.

Hoy, la cata y el maridaje son fundamentales para dar a conocer las bondades de muchos productos, no solo del vino, y sirven para enamorar a los públicos que se van a convertir en distribuidores, prescriptores o consumidores de estas marcas.

 

En una cata de vino o aceite nace una correlación de sensaciones percibidas a través de los sentidos que parece desnudarnos y nos invita a revisitar nuestra memoria más antigua e, incluso, el mundo de la serendipia. La vista, el olfato, el gusto y el tacto nos regalan experiencias que fecundan el oído gracias a los ojos y la nariz. Todo un engranaje de mecanismos, imaginad, como el interior de un preciso reloj, se ponen en marcha para ayudarnos a entender sus propiedades y disfrutar “¡carpe diem!”.

Cuando la Federació de Cooperatives Agroalimentàries de la Comunitat Valenciana nos propuso idear acciones que complementaran una cata para públicos especializados, a MakinAcción nos pareció un reto muy sexi. ¿Puede haber algo más seductor, antiguo y a la vez disruptivo, que el vino y el aceite? ¿Cómo podemos generar la experiencia de lo que ya es experiencial en su propio ADN?

Investigamos. Recorrimos bodegas y almazaras, abrazando kilómetros y kilómetros, felices, porque tenemos alma de cómicas de la legua. Nuestras sesiones de obtención de información con técnicas visuales, proyectivas y de juego nos permitieron descubrir los valores, principios e historias de estas cooperativas, arraigadas en el territorio, a través de las palabras apasionadas de personas que sonríen hasta cuando callan. Y descubrimos. Descubrimos espacios que rayan en el delirio de la belleza, casi rozando el síndrome de Stendhal, la belleza de los procesos, de los líquidos en perfecto movimiento, de la transformación, de la tenacidad de las manos que faenan, de la simbiosis perfecta de piel y paisaje.

Y como Ulises, volvimos para crear, idear un universo transmedia que alimentará aún más la experiencia. Los procesos creativos son impunemente mágicos y a la vez, descaradamente mecánicos. Son lluvia, colisión, conexión y parto. Y ahí la encontramos, la piedra angular de nuestro relato, volver a los orígenes, a la etimología, a la idea de captar, de visibilizar.

A la cata, la podríamos dotar de la empatía de la memoria, del backstage, de las bambalinas. La empatía nos permitía, a través de la inteligencia emocional, generar vínculos, más allá del tiempo, conexiones con el aquí y ahora que ya no están.

Todo nuestro universo transmedia giró entorno a un viaje visual, incluso los textos de los diferentes storytellings, los relatos de las cooperativas, los construimos a partir de metáforas, y el medio audiovisual fue nuestro aliado, gracias a formatos novedosos como una webserie documental. La digitalización, la innovación y las nuevas tecnologías serían nuestras herramientas fundamentales. Cartografiamos un camino que fuera de una delicada copa a unas fecundas gafas de realidad virtual.

Una cata 360º conquistando los sentidos y el mecanismo del espacio-tiempo. Y, de entre todas las lexías -piezas que forman un universo transmedia-, una resumía a la perfección la idea de la empatía, los documentales cortos en 360º a los que se puede acceder a través de realidad virtual.

Estas dos piezas audiovisuales producen una inmersión tan orgánica que pareciera que vareamos aceitunas, vemos cómo se esparcen en el vehículo o, con el vértigo de la altura, las observamos convertirse en pasta, y pasar de sólido a líquido. ¿Se pueden tocar las hojas de la vid tan sinuosas que nos regalan racimos de uvas? Aquí, casi, sí. Podemos casi cargar con los capazos hasta los camiones. La inmersión nos acompaña a laboratorios de calidad, símil de los antiguos frailes, pero, hoy, con la ciencia como bandera, y al embotellado, fino traje que nos permite, después de este vídeo, acabar por desnudar la cata.

Crear una realidad paralela que implemente la experiencia, en este caso de la cata de vino y aceite cooperativo, parece revolucionario y es algo que viene de lejos, un anhelo propio del ser humano. En el antiguo imperio romano, se pintaban habitaciones enteras con frescos de paisajes en continuidad ¿Acaso no sería la primera inmersión en realidad virtual, hace más de 2000 años?

De nuevo, nuestro viaje creativo se cierra, volver para avanzar a paso de gigante, para crear lazos y conexiones entre personas, para comunicar valores e historias. Comunicar, colaborar y transformar. COCORESET.

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